Cuando se habla de Internet, se suele describir en
primer lugar la gran cantidad de páginas con información disponible que
hay en ella, pero la parte más complicada (las búsquedas) queda siempre
en un segundo plano, como desagradable sorpresa para quienes se conectan
por primera vez. Es el navegante el que tiene que ingeniárselas para
dar con la información deseada. En muchas ocasiones, la información y la
búsqueda en sí están llena de paradojas y situaciones extrañas, muchas
veces frustrantes.
En cualquier caso, es normal cierta confusión entre los
principiantes a la hora de buscar algo en Internet: la Red está llena de
información valiosa, pero también hay muchísima información poco
relevante (denominada “ruido”) que hace perder tiempo a la hora de
buscar algo. Los propios sistemas de búsqueda no son perfectos, y el
desconocimiento de las herramientas empeora las cosas.
Muchas veces, los usuarios terminan padeciendo lo que se
denomina “angustia de la información”: hay demasiados datos
revoloteando por el ciberespacio, imposibles de procesar (o encontrar)
por un ser humano por mucho tiempo que le dedique al día, y la tarea de
encontrar “lo mejor sobre...” se convierte en una misión imposible. En
ocasiones esto hace que la persona se desespere al buscar una página o
documento sobre un tema determinado, y que olvide lo más importante:
dedicar previamente unas horas (o días) a comprender exactamente cómo
funcionan los sistemas de búsqueda de Internet. Si se mira de otro modo,
es como aprender el funcionamiento de un nuevo software para sacarle el
mayor partido: todo el tiempo empleado en esta formación es
extremadamente valioso e importante.

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